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Author Topic: En busca de un tesoro [Sabin y Zina]  (Read 883 times)
Sabin
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« Reply #30 on: November 23, 2009, 07:15:22 AM »

Cuando con una patada despego de mi arma al bandido que había sucumbido ante esta, intentando detener el avance del otro personaje del mismo status para mi, el status de escoria viviente, pero antes de darme cuenta, habiéndome separado del cadáver que me inmovilizaba, también veía el cuerpo de aquel que se dirigía hacia mi, partido a la mitad, a ambos lados de mi…

Al ver esto, veo como las “tortugas” comienzan a movilizarse, y sin darme tiempo a nada una de ellas, apartando el cuerpo de su compañero, dejándome un momento de apertura, el cual resulta inútil, ya que recibo un segundo golpe de su escudo, el cual me impulsa hacia atrás…

Comienzo a esquivar todos sus ataques, buscando algún modo de lograr encontrar algún modo de atacar, para incapacitar o matarle rápidamente…

“Bueno, ahora es lo difícil, los otros no tenían ninguna protección, de modo que donde golpease causaría daño, la cosa cambia aquí, estos poseen corazas los cuales hacen mis goles directos inútiles, debo atacar en las uniones de las articulaciones, aunque cabe la posibilidad de que porte alguna protección como una cota de maya o algo parecido, esas cosas no protegen el área del rostro o el cuello, aunque por sus movimientos dudo que porten alguna, debido a que sus movimientos serian un poco mas lentos, su hacha también me resulta algo muy conflictivo, pese a que son armas muy poderosas, moverlas el algo difícil debido a su peso, primero debo encontrar una apertura una guardia baja, con eso seria suficiente para liquidar esto, si la suerte esta de mi lado…”

Mientras esquivo, manteniéndome a la menor distancia posible del enemigo, comienzo a guiarle hacia sectores donde había obstáculos que podían ser movidos con un golpe, como rocas o los mismos cuerpos de sus compañeros, para que se viese obligado a apartarlos…

Cuando aparte algún objeto, de seguro haría el mismo tipo de aperturas que había producido anteriormente dejando desprotegido el lado del hacha, esta seria mi señal para atacar y la razón porque me encontraba a corta distancia, al apartar su escudo para mover uno de los obstáculos, dejaría desprotegido el costado del hacha, lanzo una patada hacia el asta del hacha, con la intención de que la fuerza de esta le arrebatase el arma de la mano…

Si logra moverla esta fuera del alcance de la patada, retengo su brazo por la muñeca, levanto el brazo y clavo mis katares en el hueco de la parte baja de la articulación, y muevo los filos hacia un costado, haciendo esto cortaría todos los tendones y venas que recorren el lugar, causando un lento desangramiento y la inutilización total o parcial del brazo, para luego salir dando saltos del lugar…

Si por el contrario, no logra retener el hacha en su mano, tras caer giro dándole una patada en la parte tercera de las rodillas, las cuales debido a la carga de la armadura harían que callera arrodillado y al hacer esto, lanzo un golpe hacia el orificio de debajo de la mascara, por lo cual golpearía si cuello con los filos, y luego saldría soltando en otra dirección, dejándolo arrodillado y con una herida que seguro resultaría mortal…

En cualquiera de las dos situaciones, me encuentro totalmente pendiente de mis reflejos, para escapar dando saltos o girando en el suelo de ser necesario, de no producirse apertura, estaría pendiente y observando sus movimientos…

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« Reply #31 on: November 27, 2009, 03:30:21 PM »

La tormenta de mandobles de Zina no tardó en conseguir su objetivo: Aunque las protecciones de madera de su oponente le ofrecieron cierta guardia durante los primeros envites, no tardaron en ceder ante la incesante acometida y, pronto, el hacha del oponente voló por los aires acompañada de un miembro cercenado, para luego su cabeza seguirla, habiendo atacado Zina los dos puntos más vulnerables de su enemigo.

Aunque un enemigo formidable, una de las dos tortugas había caído... La otra, sin embargo, resultó ser más inteligente: Lejos de dedicarse a lanzar golpes que Sabin pudiese esquivar, aprovechó una de sus fintas y, echando todo su cuerpo hacia adelante, le sacudió un tremendo golpe con el escudo que lo derribó en el suelo. Pese a que la estrategia de Sabin no resultaba mala, había fallado al no considerar la cercanía de su enemigo y, sobre todo, su habilidad. 

El Estigmatizado cayó al suelo, víctima del ataque de embestida de su oponente y nada más verlo este aprovechó para alzar su hacha, dispuesto a lanzar el golpe que acabaría con su oponente... Mas el destino no quiso que esto ocurriera y, sorprendentemente, la tortuga bajó su arma y, tras lanzar una última mirada a Sabin, se dio la vuelta, para encarar a Zina, sólo por unos instantes.

Acto seguido su pie cayó con una fuerza tremenda, justo sobre la rodilla de Sabin, haciendo que esta quedase doblada de un modo completamente antinatural.  El dolor excruciante sería más que suficiente para que Sabin no se moviese durante un tiempo pero, además de eso, estaba claro que, como poco, la rodilla había quedado dislocada... Para cuando consiguiese levantarse, su capacidad de movimientos estaría tan mermada que le sería difícil hacer casi cualquiera de sus maniobras previas. Convirtiéndose, de ese modo, en una simple molestia.

Hecho aquello, la tortuga encaró nuevamente a Zina, y adoptó una posición de guardia, con el escudo por delante y el hacha hacia atrás.  Pero al contrario que su compañero, este no parecía que fuese a caer fácilmente...
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Zina
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« Reply #32 on: December 17, 2009, 02:28:21 PM »

Su enemigo se vio impotente ante su espada. En cuestión de segundos, acabó derrotado, aniquilado, mutilado, muerto. Otro menos. Con rostro impasible, los ojos carentes de emociones de Zina tornaron a mirar a su siguiente objetivo. Fría, metódica, casi como un autómata; con la habilidad y costumbre adquiridas al criarse entre campos de batalla. Aquello era pura rutina para ella.

El último bandido que quedaba en pie, con protecciones de madera, había derribado a su aliado, y dislocándole la rodilla. Derrotándolo, al parecer. Ya no sería amenaza, y tampoco resultaría de ayuda a Zina, por lo que Zina debería decidir posteriormente si valdría la pena seguir considerándolo como un aliado.

Pero aquello debía de esperar hasta el final del combate. Éste último bandido encaró a Zina de forma precavida, levantando una guardia cauta, protegiéndose con el escudo y preparando el hacha para contraatacar, sin mostrar signos de querer dar el primer paso. No la subestimaba, y ella no debía tampoco subestimarlo a él. El bandido había presenciado los combates previos de Zina, y habría tomado nota de su habilidad con la espada, lo cual le volvía peligroso. Estaría preparado para contrarrestar las técnicas de lucha que ya había mostrado Zina, sin embargo, eso podría ser también su perdición.

Sólo había que simular atacar como lo había hecho ya previamente, y mediante una finta, engañarlo y realizar un ataque inesperado.

Por ello Zina se adelantó con seguridad y paso firme, enfrentándose al último bandido. Alzando su espada, como si estuviera preparándose para iniciar otra ráfaga de mandobles, Zina fingió querer descargar un golpe lateral hacia el costado del brazo del escudo de su rival, buscando que éste desviase hacia allí el escudo para detenerlo… En el proceso, dejaría su rostro al descubierto, y en ese momento Zina descargaría su verdadero ataque. Un golpe frontal y directo con el extremo de la empuñadura de su espada, dirigido específicamente a su nariz.

Aturdido y con su guardia quebrada, quedaría indefenso ante el siguiente ataque de Zina, un tajo lateral que vendría por el costado opuesto al del brazo del escudo, cuya intención final sería decapitarlo.

No le debería dar tiempo ni siquiera a usar su hacha. 

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Sabin
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« Reply #33 on: December 18, 2009, 08:56:23 PM »

La inteligencia del bandido, y el echo de que mi cuerpo fuese mi arma de combate, me lleva a una situación en la cual soy derribado, y con un potente pisotón termino con una rodilla seriamente lastimada, al recibir esta herida dejo escapar un potente grito de dolor y tomo la rodilla herida, mientras veo como el bandido se voltea hacia la chica…

“No contaba con eso, el dolor es insoportable, debo devolver la rodilla a su posición original, aunque dolerá mucho es lo mejor, de estar solo dislocada, dolería un tiempo hasta que la inflamación desapareciera, pero de haber alguna fractura o algo por el estilo tardaría un buen tiempo sanarse aunque la rodilla ya estuviera en su lugar, aunque yo solo no podría y no hay nadie que me ayude, creo que deberé improvisar con la rocas de gran tamaño, deberían de servirme, eso espero…”

Aun cargando con el dolor de mi, en esos momentos inútil, rodilla me arrastro lo mas rápida y silenciosamente que puedo hasta un lugar donde ocultarme, evaluar mis heridas y localizar un grupo de rocas las cuales estén muy cera las una de las otras…

“Las rocas deben estar cerca, para estirarla pierna inmóvil, mientras acomodo mi rodilla, será doloroso, pero devolverá la movilidad a la pierna, aunque dolerá al moverla, no puedo dejarla en ese estado…”

Cuando encuentro algunas rocas que cumplen con estas condiciones, cerca las unas de las otras y de gran tamaño, me acerco a ellas, a rastras, lo mas silencioso posible y coloco lentamente mi pierna, una vez esta está en posición, lo giro dejando el pie en modo horizontal, levanto la tela del traje hasta arriba de la rodilla y coloco mi otro pie contra la roca para empujarme hacia a tras y estirar la articulación…

“Esto va a doler, espero no hacerlo en vano…”

Cierro los ojos, aprieto los dientes y con la pierna sana doy el mayor impulso que puedo, a la vez que giro la articulación dependiendo de la dirección de la dislocación, intentando colocarla en su posición original, este proceso es más doloroso incluso que el momento en que la rodilla se disloque, trato de aguantar el grito que estría a punto de escapar de m garganta, tras terminar el proceso, evalúo los resultados tras retirar la pierna de entre las rocas, y utilizando los filos de mis guantes, me hago dos cortes a lo lados de la rodilla, uno de cada lado, para que no se produjera inflamación, debido a que la sangre que se agrupa seria expulsada fuera del cuerpo, esto maximizaría, la desde ya reducida movilidad de la articulación…

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« Reply #34 on: December 22, 2009, 07:31:22 PM »

La acción fue tomada rápidamente, y Zina alzó su arma con una velocidad envidiable, sin embargo, su oponente no parecía ser tan fácil de derribar como los demás: Lejos de bloquear avanzó y, con su rodela, aprovechó la guardia descubierta de Zina para golpear su mentón, echándola hacia atrás con el golpe antes de lanzar un puñetazo en su garganta con la mano que sostenía el hacha.

El golpe fue devastador y, a consecuencia del mismo, Zina cayó al suelo, costándole respirar, mientras Sabin intentaba desesperadamente  colocar su rodilla en la posición habitual: Lo logró, pero el dolor que eso originó fue tan intenso que podría haber bastado para noquearlo, aunque eso no fue lo que ocurrió, difícilmente podría moverse en un buen rato. Por parte de Zina, mientras intentaba respirar, la "tortuga" la tenía a su merced, podría simplemente alzar el hacha y cortarle el cuello, de hecho, podría haberla decapitado antes en vez de lanzarle un puñetazo, pero no lo hizo.

Pareció contemplar este hecho unos instantes y volvió a adoptar la guardia, hasta que una voz a su espalda le hizo detenerse.


- ¿Por qué siguen aún vivos? Maldito inútil...


Las palabras pronunciadas hicieron mirar a los chicos hacia el lugar de donde las Tortugas habían llegado, sólo para escuchar pataleos y ver una escena horrible. Un tipo sucio, grande, y feo como un tumor estaba sosteniendo a una chica pequeña, con orejas de gato, por el cuello, justo delante de él como escudo, mientras la niña parecía luchar con todas sus fuerzas, pataleando con sus pequeñas piernas y tratando de usar sus garras gatunas para librarse de su captor.  Para el observador cauto, no sería difícil averiguar cuál era la situación: Aquel tipo estaba usando a la pequeña de rehén, algo que no sería tan preocupante... De no ser por el hecho de que sostenía una espada en la garganta de la pequeña, sonriendo asquerosamente. Una espada que Sabin podría reconocer.


- Bueno, no importa... Has conseguido derrotar a uno, y la otra está a tu merced. Acaba con ella y podremos irnos. Aunque, pensándolo mejor... Parece bastante dulce. Igual me divierto un rato con ella antes de que la mates. Igual me divierto un poco con las dos, ¿qué te parece, gatita?


Al decir aquello, el hombre lamió la mejilla de la Laguz, que sólo pudo mirar hacia un lado con repugnancia, llorando y aparentemente sin fuerzas para resistirse. Esto no pareció gustar al hombre, que acercó más la espada a la gata, quien, por miedo, sólo se encogió un poco, casi sin atreverse a respirar.


- Bueno... Os habéis cargado a mis hombres, y parece que os gusta haceros las duras, ¿eh? Pero no os preocupéis. Sé muy bien cómo poner a las putas en su lugar.  Desnúdate, criaja... O la mato. Y luego haré que él te mate a ti.  De hecho... ¡Tú! ¡No necesita su mano derecha! ¡Córtasela!


Aquello habría sorprendido a cualquiera, pero el hombre del hacha ni se inmutó, quedándose quieto. Esto hizo que el otro hombre perdiese su paciencia y repitiese la orden una segunda vez, para obtener la misma impasibilidad por parte del hombre... Cuando llegó la tercera, el otro estaba tan furioso que tiró a la Laguz al suelo, tomando su espada con las dos manos.


- ¿Qué pasa? ¿Qué coño se supone que estás haciendo? ¡Vale! ¡Lo haré yo mism...!


Pero nunca llegó a terminar la frase. Con una rapidez que resultaba absolutamente sorprendente, el hombre que había estado totalmente impasible se giró y, después de que el hacha bailase en su mano, la lanzó, haciendo que describiese varios círculos en el aire antes de enterrarse en la frente del bandido: La fuerza impresa en el lanzamiento fue tal que el bandido fue proyectado hacia atrás y, muy probablemente, el hacha habría sido capaz de partirle la cabeza en dos si hubiese sido lanzada con un poco más de fuerza.  En cualquier caso, el bandido estaba muerto. Nadie podría sobrevivir a eso.

Por primera vez, la "tortuga" habló, con una voz joven y tranquila, casi agradable.


- Lo siento, "jefe". Nuestro contrato queda rescindido en este momento.  Lo habría hecho antes... Pero tenías a la gatita delante.


Y, dichas aquellas palabras, empezó a quitarse las protecciones de madera, una a una, tirándolas al suelo casi con desdén. Cuando hubo terminado de despojarse de ellas, se pudo ver su auténtica figura: Un tipo alto, de cabellos castaños oscuros cortos y revueltos, ojos del mismo color y piel oscura con la expresión firme y seria de un profesional. Se llevó la mano a una barba de unos pocos días y luego se acercó poco a poco a la Laguz, arrancando su hacha antes de la cara del bandido mientras la miraba con casi desprecio.  Luego sonrió.


- Eres una gatita muy mona, ¿lo sabías? Es una lástima que hayas tenido que estar aguantando a ese cerdo... Podría haberte salvado, pero si lo mataba antes de tiempo no habría sacado esta preciosidad.  Mi cliente se habría cabreado mucho.


Dicho eso, giró el hacha en su mano y, de un solo tajo, cortó la muñeca del bandido, cogiendo luego la espada y esforzándose para separar los dedos rígidos de la empuñadura, antes de acabar de quedarse con la espada. La guardó a su espalda y luego se arrodilló un momento ante la gatita, ponderando durante unos instantes... Miró a Sabin y Zina, para acabar levantándose, con expresión calmada.


- Bueno... Parece que no será necesario que te salve. Verás, no puedo ir cargando con una gatita, me retrasarías innecesariamente. De todas formas, no te preocupes. Estos dos seguro que tienen mucho cuidado contigo. Con vuestro permiso... Señoritas y... Lo que quiera que seas. Me llevo esto. Como compensación por salvaros. Vosotros podéis quedaros con la gata. Ya no tendréis problemas para salir huyendo, me he asegurado de ello.


Tras aquellas palabras, sacó una llave de su pantalón, rompiendo los grilletes que inmovilizaban a la gata, antes de empezar a caminar.  Se detuvo en la salida durante unos instantes, y luego se dio la vuelta, sonriendo socarronamente. En ese momento, cuando habló, tanto Zina como Sabin serían capaces de detectar su acento, bastante poco común: Su voz era socarrona, confiada, como si nunca en la vida hubiese tenido problemas. Y vista su habilidad con las armas, tampoco podían culparle por ello.


- Espero volver a veros. Sois hábiles, debo reconocerlo. Pero la verdad es que os falta mejorar bastante... Habéis hecho más ruido que un elefante en una cacharrería.  Pero bueno, los hay con categoría... Y luego estáis vosotros.  En fin, como suele decirse... Adiós, Amigos. Volveremos a vernos, especialmente a ti, preciosidad peliblanca. Nunca olvido una hermosura como la tuya. Palabra de Del Toro.


Y, con esas palabras, desapareció, llevándose la espada consigo y dejando a los demás atrás.  El intercambio fue observado con sorpresa e incredulidad a partes iguales, pero tan pronto todo aquello acabó la fría realidad volvió a golpearlos: Había una niña Laguz demasiado aterrada para hacer un movimiento, y hecha un ovillo, en la habitación, Sabin apenas sí podía moverse, y Zina había sido derrotada de un modo que podría resultar sumamente humillante, según el punto de vista.  Pero seguían vivos.

Y ahora debían decidir sus siguientes pasos.



La misteriosa "tortuga": http://img691.imageshack.us/img691/5028/diegodeltoro.png
http://img691.imageshack.us/img691/2241/diegodeltoro2.jpg


La gatita: http://img696.imageshack.us/img696/8459/laia.jpg
http://img85.imageshack.us/img85/5025/laia2.jpg
http://img85.imageshack.us/img85/1144/laia3.jpg
http://img697.imageshack.us/img697/7453/laia4.jpg
« Last Edit: December 22, 2009, 07:38:44 PM by Cronista » Logged
Zina
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« Reply #35 on: December 23, 2009, 03:23:56 PM »

Efectivamente, no usó su hacha.

Usó su rodela.

Zina, en pleno ataque, recibió un golpe en el mentón, aturdiéndola brevemente y desconcertándola. Quebrando su ritmo, así como su guardia. ¿Qué había pasado? No estaba segura, y antes de que pudiese recuperarse, recibió un duro golpe de nudillos en pleno cuello.

El dolor fue indescriptible. Al instante, Zina se hallaba derribada en el suelo, boqueando con desesperación para tratar de recuperar la respiración. Sus ojos, inexpresivos, mostraban una chispa de inquietud. No. No podía ser. Su enemigo había sido tan formidable, que había sido completamente derrotada, antes siquiera de darse cuenta.

Estaba muerta.

El eterno ciclo de la vida y la muerte había terminado para ella.

Sus instintos básicos de supervivencia gritaban con todas sus fuerzas, exigiéndole moverse, levantar una vez más su espada, y defenderse. “¡Levanta!”, parecían rugir en su cabeza, “¡Álzate, empuña la espada, pelea! ¡Usa tus colmillos, tus garras, para luchar por tu vida, como hacen los animales, como hacen los seres humanos!”

Pero Zina estaba abrumada por el dolor y la falta de respiración. Tan sólo fue capaz de levantar sus ojos carentes de vida hacia su adversario, y mirarle dignamente a la cara, aceptando así su destino final con entereza. Al fin y al cabo, la vida consistía en cazar y ser cazado… Zina se había entrado en la cueva como cazadora, como depredadora, buscando conseguir su sustento para seguir viviendo; mas como a veces pasa en la naturaleza y en el campo de batalla, en esta ocasión la cazadora fue transformada en presa. ¿Un final apropiado? ¿Un final pésimo? No importaba. Simplemente, era un final. El final.

Sin embargo, su enemigo no la remató. Alzándose ante ella, con una innegable superioridad, había vencido rotundamente… y aun así, rehusaba descargar el golpe de gracia. Los ojos de Zina escudriñaron con desconcierto a la “tortuga” vencedora. ¿Por qué? ¿Por qué no le arrebataba la vida? ¿Qué sentido tenía dejarla vivir?

Una voz hizo acto de presencia en ese momento, proclamando sonoramente interrogantes similares a los que surcaban la mente de Zina. Desvió la mirada en dirección al recién llegado, procedente del interior de la caverna. Un enorme hombre, con más aspecto de troll que de ser humano, parecía ser quien había hablado. Con un solo brazo, mantenía inmovilizada a una pequeña chica con rasgos gatunos, sujetándola por delante suya a modo de escudo, a la vez que mantenía el filo de una espada peligrosamente cerca del cuello de la pequeña. Por la actitud desesperada de la Laguz, y la actitud prepotente del hombre-troll, Zina dedujo que aquel sujeto debía de ser el líder de los bandidos de la cueva, y la pequeña, su prisionera.

El hombre-troll recriminó a la “tortuga” por no haberlos rematado ya, lógicamente. Aunque también pareció aprovechar dicha incompetencia de su subalterno para así capturar a Zina como prisionera, y “divertirse” con ella antes de matarla. “¿Divertirse?”. El concepto de diversión siempre fue bastante incomprensible y enigmático para Zina, y no sabía a qué podría estar refiriéndose. Trató de, a partir de las palabras y actitud del hombre-troll, atar cabos para ver si comprendía a qué podía referirse…

La llamó “puta”, y eso era una prostituta, oficio de una mujer que procreaba por dinero, o eso tenía entendido. También exigió que se quedase desnuda, lo cual era un requisito para aparearse entre los seres humanos, o eso tenía entendido. Y lamió la mejilla de la Laguz, lo cual quizás podría entenderse como un acto de cortejo, aunque si fuese así, habría fallado, porque no parecía haber sido del agrado de la Laguz. Aún no terminaba de comprenderlo, pero parecía que el hombre-troll quería procrear con ambas. Curioso. Quizás su objetivo fuese reemplazar a sus subordinados muertos con los hijos que engendrasen, para así reponer las pérdidas, pero en ese caso, supondría una medida a largo plazo… porque los niños tardarían años en crecer y ser adiestrados convenientemente.

Zina aún no deseaba procrear. No veía la necesidad, y no quería verse obligada a ello por la fuerza. Aunque eso, al hombre-troll, vista su actitud, parecía darle igual.

Y aún menos le gustó que le quisieran cortar la mano derecha. ¿Qué tendría eso que ver con la procreación? Lamentablemente, no se hallaba en condiciones de oponer resistencia ante tan formidable oponente como había resultado ser el “tortuga” que la había abatido. Claro que, eso no significaba que fuese a dejarse. Después de todo, su mano derecha servía para empuñar su espada, y privarle de ella sería como arrebatarle a un animal sus colmillos. Si pretendían eso, iban a tener que matarla primero…

Sin embargo, el “tortuga” se negó a moverse. Una vez más, su pasividad resultaba desconcertante, y más aún cuando se trataba de obedecer una orden directa de su jefe. De nada sirvió al hombre-troll repetir la orden, el “tortuga” parecía no escucharlo. Furioso, el hombre-troll arrojó al suelo a la asustada Laguz, para ejecutar él mismo sus instrucciones…

Y de repente, en un parpadeo, con una velocidad y habilidad extraordinarias, el “tortuga” se giró hacia su jefe en ese mismo momento, lanzándole el hacha a la frente y acabando súbitamente con su vida. Zina parpadeó, sorprendida y aturdida. El “tortuga” había traicionado y matado a su jefe, con toda la tranquilidad del mundo…

Era un enemigo dentro de las filas de los bandidos, un infiltrado. Ya había oído de artimañas similares en las guerras. El “tortuga” nunca había estado del lado de los bandidos, sólo había fingido estarlo el tiempo suficiente como para cumplir su verdadero objetivo, y traicionarlos. Sus gestos y sus palabras, mientras se desembarazaba de la armadura y recogía la espada del hombre-troll, así parecían atestiguarlo. Su objetivo era dicha espada al parecer, pues por sus palabras daba a entender que había sido contratado para recuperarla, y traérsela a su contratante. Un mercenario pues.

Parecía dudar si llevarse también a la Laguz gata, a pesar de haberla hablado en tono amistoso. Si no buscaba reclamarla para sí mismo como prisionera, tal vez meditase si valdría la pena rescatarla y obtener alguna recompensa por ello. Otra cosa sería extraña e incomprensible para Zina… Finalmente decidió no hacer nada con ella, salvo librarle de los grilletes que la aprisionaban, prácticamente ofreciéndosela a Zina y su aliado de pierna dislocada. Al misterioso “tortuga” sólo le interesaba la espada del hombre-troll, objeto que no resultaba del más mínimo interés de Zina ahora mismo, por lo que no pensaba mostrar objeción ninguna al respecto.

Antes de irse y despedirse, habló una última vez, lanzando a la vez comentarios de elogio y despreciativos al mismo tiempo, lo cual, una vez más, desconcertó a Zina. Sobre todo cuando expresó su deseo de volver a verla especialmente a ella, llamándola “preciosidad” y “hermosura”, términos que Zina jamás había llegado a comprender; adjetivos demasiado abstractos, sin relación alguna a la vida de batallas y muerte que conformaban la única realidad del mundo que Zina era capaz de comprender. Así que no supo cómo tomarse esas palabras.

El misterioso “tortuga” finalmente se marchó, no sin antes dar a conocer su nombre, Del Toro. No lo olvidaría. No podía olvidar a alguien que le había derrotado con tanta contundencia, y que le permitía seguir viviendo tras ello. Desconcertante. No sabía bien qué pensar de todo ello… Así que decidió pensar en otras cosas.

Reuniendo fuerzas, Zina logró volver a incorporarse, llevándose una mano al cuello, mientras con la otra sostenía débilmente su espada. Le dolía al respirar y al tragar, pero por lo menos el aire volvía a circular por sus pulmones. ¿Y ahora qué? Los bandidos habían sido erradicados, tal y como la aldea que la contrató había requerido. El trabajo estaba hecho, aunque todo sea dicho de paso, no había sido ella quien lo había cumplido en su totalidad. Había luchado, peleado por la presa, y ahora se encontraba libre para reclamar su recompensa. Su sustento.

Volvería a la aldea, y…

Zina posó sus ojos carentes de emociones en la pequeña Laguz gata, asustada y encogida de miedo. Casi la había olvidado. ¿Qué hacer con ella? No tenía interés ninguno en tener una prisionera, aunque tal vez pudiera sacar una recompensa por rescatarla de los bandidos…

No.

Una extraña y enigmática chispa de sentimiento recorrió la embotada conciencia de Zina. Se sentía con el derecho de reclamar una recompensa por erradicar a los bandidos, ya que había participado en la cacería. Ella entraba en el reparto, como una guerrera participando en el botín tras participar en una batalla. Pero ella no había liberado a la Laguz, sino Del Toro. No tenía derecho a participar de los beneficios derivados de dicho rescate. Si lo hiciese, estaría despojando un premio sin haber luchado por él, y ello no era propio de guerreros, de cazadores… sino propio de carroñeros, de ladrones. Y Zina no era una carroñera, era una cazadora. Sus garras y colmillos, su espada, servían para cazar y luchar, no para alimentarse de los esfuerzos de otros.

Podría decirse que esa pequeña chispa de sentimiento, brillando en sus vacíos ojos, era lo más parecido al orgullo o al amor propio que podría haber sentido nunca antes. Un sentimiento surgido de las profundidades de su sellado corazón, filtrado brevemente hacia la superficie.

Tras aplicar su peculiar lógica basada en la dinámica de cazadores y cazados, Zina concluyó que no tenía derecho a decidir el destino de la pequeña Laguz. En cuyo caso, lo más lógico sería dejarla a su suerte…

Dejarla a su suerte…

Zina pretendía dirigir sus pasos hacia el exterior de la cueva, dándole la espalda a la Laguz, y regresar a la aldea para reclamar su recompensa por exterminar a los bandidos. Sin embargo, sus ojos carentes de emociones seguían fijos en la Laguz. La lógica le dictaba que lo más práctico era abandonarla a su suerte, pero, por alguna inexplicable razón, se mostraba reacia a ello. ¿Por qué? ¿Por qué esa reticencia a dejar a su suerte a la pequeña, asustada e indefensa Laguz gata? No tenía nada que ver con la lógica de cazadores y cazados, ni con el eterno ciclo de la vida y la muerte, tampoco con el sustento… Así pues… ¿Por qué no podía darle la espalda?

Envainó la espada, dejándola colgando a su espalda, y mirando a la Laguz indecisa y, una vez más, desconcertada, solo que ahora consigo misma. Avanzó con paso inseguro y vacilante hacia la gata, deteniéndose ante ella.

No podía dejarla a su suerte, no sabía por qué, pero no podía. Sin embargo… ¿Qué haría entonces? ¿Qué podía hacer? ¿Cómo se suponía que debía actuar? Era la primera vez en su vida que su lógica, forjada en batallas y basada en los conceptos de matar o ser matada, se veía impotente ante una situación. No sabía qué hacer. No lo comprendía. Y aun así, sentía que debía de hacer algo…

¿Pero qué?

Dubitativa, se agachó ante la Laguz. Si había que hacer algo, entonces habría que comenzar por hacer cosas con las que sí estuviese familiarizada. Era lo mejor que se le ocurría, en estos momentos. Así pues, simplemente decidió presentarse.

- Me llamo Zina… - dijo con tono inexpresivo a la pequeña Laguz, sin ni siquiera saber qué esperaba conseguir con ello. 


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Sabin
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« Reply #36 on: December 23, 2009, 07:53:04 PM »

Casi noqueado por e intenso e implacable dolor que me causo el acomodar la articulación dislocada, quedo tendido de espalda en los limites de la conciencia, fueras de mi ya no detectaba absolutamente nada, era solo vacio hasta que siento un ruido sordo como de una persona cayendo…

Doy vuelta mi cabeza hacia el sonido, para ver a la chica que estaba peleando con aquella “tortuga”, y esta estaba dudando sobre su próxima acción, cuando una voz surge del interior de la cueva, y se ve al jefe de aquellos bandidos, una criatura deforma, pero en su deforme figura, podía verse un dejo de belleza, en forma de espada, la cual reconozco sin necesidad de ver detenidamente, era la espada que había venido a buscar, tan cerca pero incapaz de tomarla…

“Maldición, porque la deje aquí, debería haberla llevado con migo, bueno, por lo menos ahora se que esta aquí, aunque por unos momentos me será imposible tomarla, medición maldita “tortuga”, si no hubiese sido tan descuidado, por lo menos habría podido esperar un momento para arrebatársela, aunque ahora me tomara algunos minutos poder volver a moverme, asta rodilla ni siquiera puede asentarse en el suelo, el dolor seria suficiente para vencer mi pierna…”

Mientras meditaba escuchando al voz de aquel deforme bandido, también me percato del sonido de algo cortando el aire, y de algo duro al ser cortado, al levantar mi cabeza, veo al jefe de los bandidos con una hacha que casi parte su cabeza a la mitad, y a la niña-gato en el suelo tratando de escaparse…

Luego de eso quedo mirando esta escena, mientras siento el sonido de madera cayendo repetidas veces, y en el lugar aparece la figura de un joven el cual dice algo a lo cual no presto atención; yo  estaba más interesado en la espada, cuando el sujeto la toma y por lo que dice aparata ser un cazador de recompensas…

“Malditos ancianos, nunca se ensucian las manos, pero no se preocupen, así me cueste la pierna completa no dejare que llegue a ustedes con la espada, aunque es mejor que esa chica me ayude, probablemente por su apariencia y que ha venido sola se trate de una mercenaria, espero que le interese una vida tranquila, y que no sea una mercenaria del tipo amante del dinero…”

Es cuando el sujeto decide irse, en este momento hago el intento de levantarme, apoyando todo mi peso en la pierna sana, y saltar hacia la niña, después de todo no era alguien que la dejaría en ese lugar, espero que el aroma de lobo que, probablemente se desprendía de mi por mi ascendencia, aunque no estaba seguro de eso; nunca me lo había planteado, no asuste a la ya asustada niña-gato, una vez este cerca de ella con voz tranquila y algo amable intento hablarle…

-¿Estas bien? Dime como te llamas, mi nombre es Sabin, no te asustes ya paso todo, tranquilízate yo no soy como ellos…-

Luego me doy vuelto hacia la joven y si se acerca a mi con voz baja, y si insensibilidad habitual le digo…

-Tengo una propuesta que probablemente te interese, un trabajo fijo, aunque probablemente te resulte aburrido tendrás para vivir, actualmente estoy por comenzar a trabajar para un repugnante noble, para el cual solo es importante la fortuna, probablemente puedas “servirle” de gurda espaldas, pero ayúdame a recuperar mi espada, al lugar donde va no es mas que un amuleto, de seguro tu entiendes lo que es una espada siendo considerada solo un amuleto, y no siendo utilizada para lo que fue creada, después de todo tu aparentemente fuiste creada para la guerra y ahora debes hacer el trabajo de un mercenario, además si me ayudas podrás tener tu venganza, si tu orgullo del guerrero se vio ofendido por ese sujeto, claro…-

Tras decir esto, vuelvo con la niña haber si salía del shock que le había causado aquel deforme sujeto y la acción un poco sorpresiva de aquel sujeto, mientras esperaba la respuesta de aquella joven guerrera…

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« Reply #37 on: December 25, 2009, 03:55:20 PM »

Casi había olvidado a su temporal aliado. Así que aún podía moverse. Acercándose con dificultad a las dos chicas, se presentó como Sabin, interesándose además por el nombre de la Laguz y actuando de forma protectora con ella. Al parecer, él tampoco podía limitarse simplemente a abandonar a la gatita a su suerte… Pero se dirigió a la misma con mayor naturalidad de lo que Zina era capaz; quizás para Sabin no fuese la primera vez que trataba con una situación similar, al fin y al cabo.

Extraño día estaba resultando hoy. El mundo parecía ser algo más complejo de lo que Zina estaba acostumbrada a creer…

Y Sabin realizó una oferta de trabajo a Zina. Por fin algo con lo que ella estaba familiarizada, algo que pudiese comprender, algo “normal”. Habló de un patrón para el cual podía conseguirme un trabajo, un noble “repugnante”. ¿Repugnante? ¿No se lavaría, olería mal? Bueno, eso era lo de menos, mientras pagase… Sin embargo, como condición para proporcionarle dicho trabajo, era ayudarlo a recuperar “su espada”. Por sus palabras, aunque no lo decía explícitamente, parecía obvio pensar que se trataba de la misma espada que se había llevado Del Toro por mandato de su cliente. ¿Tan importante era esa espada?

Sabin buscó incentivar a Zina para que aceptase la oferta, apelando a la venganza, al orgullo, o al rechazo de que un instrumento para la guerra fuese usado como mero amuleto. Argumentos vacíos y carentes de significado para ella. La venganza era algo siempre emocional, concepto difícil de comprender por lo tanto. Y a pesar de la chispa de orgullo que había sentido al negarse a buscar un rescate por la Laguz, al no haber sido ella quien la había liberado, no había sido lo suficientemente intensa y duradera como para asentar un sentido de orgullo propiamente dicho, el cual pudiese sentirse ofendido por una derrota humillante; incluso el concepto de la humillación propiamente dicha le resultaba desconocido. En cuanto al uso de la espada de una forma ajena a su funcionalidad primordial, la guerra, tan sólo podía sentir extrañeza e incomprensión al respecto, lo cual distaba mucho de una oposición consciente y frontal a dicha forma de usar un instrumento fabricado por y para la guerra.

El dinero propiamente dicho era suficiente incentivo para Zina, no obstante. El trabajo remunerado como mercenaria era su fuente de sustento, y marcaba su forma y estilo de vida. Al fin y al cabo, éste trabajo de erradicar a los bandidos estaba llegando prácticamente a su fin, y a su término, necesitaría un nuevo trabajo. Sabin se lo ofrecía. La única consideración al respecto era decidir si merecía la pena.

- Mi actual trabajo está llegando a su fin – respondió Zina con tono inexpresivo, observando a su interlocutor de reojo, con sus ojos vacíos de sentimientos -. No suelo comenzar un nuevo trabajo hasta que termino el que está en curso. Me disponía a dirigirme a una aldea cercana para recibir mi recompensa por mi trabajo, tras lo cual estaré libre. Si te ves en condiciones de acompañarme, Sabin, podemos volver juntos a la aldea, donde tal vez puedan tratarte la pierna. Una vez allí, podemos discutir los detalles del trabajo que me ofreces, así como mis honorarios. Entonces será cuando decida si aceptar tu oferta.

Era el estilo que había aprendido de Orrund, el mercenario errante que la crió. Nunca había que aceptar un trabajo a ciegas, pues podrías estar aliándote con un bando claramente perdedor, y ello podría ser firmar tu sentencia de muerte. El sustento era vital, pero también la supervivencia, y no había jamás que luchar por causas perdidas. Si aceptabas un trabajo, era porque tenías posibilidades de cumplirlo, y vivir para disfrutar del sustento ganado con ello. Debido a eso, un mercenario sólo debía aceptar un trabajo tras conocer los detalles y pormenores del mismo, y juzgar a partir de los cuales si era posible y viable cumplirlo con éxito.

Lo cual no quería decir que Zina fuese una cobarde que se amilanase ante trabajos en apariencia difíciles. Precisamente, su falta de miedo podía significar un problema en el sentido contrario, de hecho. Por eso, Orrud había procurado inculcarle una cautela profesional a la hora de negociar los términos de sus servicios.

- Me llamo Zina… - dijo, volviendo a dirigir su mirada inexpresiva en dirección a la Laguz. Quizás Sabin interpretase que se estaba presentando a él, pero en realidad estaba también volviendo a presentarse a la Laguz.


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« Reply #38 on: January 17, 2010, 02:44:40 AM »

[FDI: Perdonad el retraso, fiestas -.-]


Sorprendentemente, la gatita no parecía responder a ninguno de los estímulos. La liberación por parte de Del Toro parecía haberla aliviado notablemente, pero seguía encogida en su posición, con demasiado miedo para moverse: Todo esto cambió, sin embargo, cuando Zina se acercó a ella y le habló con una voz que podría pasar por considerarse dulce, pero también cuando lo hizo Sabin... Eso pareció sacar a la gata del trance y, de un rápido movimiento, se abalanzó sobre ambos, rodeándolos con unos brazos pequeños y temblorosos.


- Nyaaan, gracias, gracias... Tenía tanto miedo nyan... Iba... Iba a hacerme cosas malas... Cosas que los adultos dicen que no se deben hacer y... y... y... ¡Nyaaan!



Se mantuvo así unos segundos, abrazada a ambos y temblando casi como una hoja hasta que al cabo de un rato que se pudo haber antojado interminable recuperó levemente la compostura y, al hacerlo, miró a las dos personas alternativamente: Zina y Sabin, Sabin y Zina, Zina y Sabin, Sabin y Zina... Sabin, Sabin, Sabin... Había algo raro en él, y la chica se dio cuenta enseguida, erizándosele los cabellos rápidamente y saltando hacia atrás mientras bufaba de un modo similar a una gata, ocultándose tras Zina.


- ¡No me gusta, nyan!  Es un hombre raro... Puedo olerlo. No sé por qué pero... Me inquieta. ¡Ya sé! ¡Eres un perro! ¡Lo huelo, hueles como ellos, nyan! Pero... También huele a humano... Nyyaaaan... ¿Qué eres exactamente, nyan? Y... ¿Por qué estaba yo...?


Sin embargo, tras unos instantes en que pareció pensativa, la chica volvió a notarse decaída, y sus orejas bajaron en señal de tristeza.  Cayó de rodillas al suelo y se mantuvo así, escuchando el diálogo de las dos personas que había ante ella: Recordaba el terror, el sufrimiento que había pasado antes de llegar allí y, sobre todo, fuego... Mucho fuego.  La piel se le erizó sólo de pensarlo y empezó a temblar aunque esto podía haber pasado desapercibido para las dos personas que hablaban.  Zina había hablado de una aldea, ¿no? Podía ser... Podía...

Se agarró a ella.


- ¡Llevadme allí! ¡A la aldea, la aldea de los que dan trabajo a Zina y Sabin!  ¡Laia también va! No quiero estar sola...


Y, en aquel momento, una extraña unión se formó. Cierto, Zina había pasado por muchas vicisitudes y también Sabin, pero ambos habían llegado vivos al final de un nuevo día... Parecía, sin embargo, que los que siguieran lo harían en nuevas compañías: Aquella chica, que se había presentado como Laia, no parecía dispuesta a aceptar un "No" por respuesta y, aunque tampoco parecía especialmente apta para luchar, si la habían apresado era posible que traerla con vida supusiese una buena recompensa.

Ahora, sólo quedaba preguntarse una cosa... ¿Qué unía a Laia con esos bandidos y, aún más, con la aldea que había enviado a Zina? ¿Y qué pensaba hacer aquella misteriosa tortuga con Lanceval, quién le habría contratado?

La respuestas llegarían... A su debido tiempo.





[FDI: Tema terminado


Zina: 100%.  Es así de simple. Tus post son de lo mejorcito que he visto en este foro, y no puedo darte menos.  Si aplicamos la regla de retrasos, habiendo durado este tema un total de 6 meses, te corresponderían 50 puntos x 3 = 150 puntos.

Sabin: 70%.  En tu caso, por desgracia, te queda mucho por mejorar. Lo cierto es que he sido generoso con la nota, tu redacción es en muchas ocasiones pobre y cuesta leerlo, además, parece que te falta algo de experiencia, pero como todo, esos son problemas qu espero puedas solucionar con el tiempo. Y, con la compañera que tienes, no me cabe duda de que así será.  Te llevas 30 x 3 = 90 puntitos.


Dejaré el tema abierto para que podáis dejar vuestras evaluaciones de la puntuación y vuestra valoración sobre mí como master.  También podéis abrir un post de relación libre entre vosotros en que, si lo precisáis, yo llevaré a Laia. Disfrutad.


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« Reply #39 on: January 20, 2010, 02:08:32 PM »

FDI.

¡Wow, 100%! ¡Fiestaaaa! XD

Me alegra haber recibido una nota tan buena, porque me estaba empezando a creer que mi nivel de interpretación no estaba siendo todo lo bueno que podría ser. Paranoias mías, supongo, de ser excesivamente perfeccionista.

La partida ha estado interesante, aunque se me ha hecho un poco corta... supongo que debido a que me he incorporado ya a la mitad, así que poco puede hacerse en ese aspecto. Muy amena, con mucha acción, lo único que he echado en falta ha sido interactuar con la chica-gata, que entre ella y mi personaje puede salir un contraste bastante gracioso. Aunque, como nos la llevamos con nosotros, supongo que ya habrá tiempo de sobra para eso. ^^

Estaría bien abrir un post de relaciones, en el que participase también Laia. Pero aviso que estoy hasta las cejas de trabajo, y mi ritmo de posteo puede no ser todo lo rápido que sería de desear. Si a ninguno de los dos os importa que mi ritmo al postear sea algo lento e irregular, podemos abrir un post de relaciones entre Zina, Sabin y Laia. Pero el que avisa no es traidor, y mi prioridad son mis oposiciones... Así que si a vosotros os parece bien, adelante.

Saludos. ^^
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