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Author Topic: Despedidas armagas ~ relaciones [Nakai, Natsukira]  (Read 255 times)
Natsukira
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« on: January 18, 2010, 03:12:41 AM »

Jamás creería que lo estaba viendo con mis ojos; ellos no podían mentirme. No hoy. Había sido un día largo, desde el principio. Mas, esto... transgredía lo impensable. ¿Es el precio que debían pagar...? ¿Por qué razón? ¿Por buscar su libertad? ¿Por deshacer el yugo de unos bastardos criminales? No era justo, nada lo es en este mundo podrido hasta en lo más profundo.

Apreté la empuñadura de mi lanza con fuerza. Me sentía impotente, a pesar de haber cosechado una experiencia que no había hallado con anterioridad. ¿Y ahora qué? Era la duda que asaltaba mi conmocionada mente. ¿Qué se debe hacer en estos casos? En principio, creí conveniente apoyar a los pueblerinos y alejarnos de aquel mar de llamas -el humo no traería buenas vibraciones a sus cuerpos. Mis dientes rechinaban por la fuerza de mi ira: debía calmarme. No podía hacer más de lo que había hecho, no era lo suficientemente fuerte.

"¿Qué es la fuerza? ¿Cuánto poder necesito para evitar algo así? Es imposible saberlo..."- reflexioné, mirando cómo el fuego seguía consumiendo lo que quedaba del pueblo.

Era un verdadero infierno para aquella gente. En mi caso, tenía la certeza de encontrarme con un hogar a la vuelta de esta aventura; qué fácil era decirlo así... Qué egoísta de mi parte. Aunque por mucho que quisiera, no podía dar cobijo a todo esa gente. ¿Podría la Banda Roja? Entonces, volví a tenerlos presentes en mis orbes. Me acerqué a Beardie y a Dhyleck.

- Sólo podemos mirar hacia adelante. Lamentándonos de lo perdido, no conseguiremos avanzar.- comenté, siendo lo más fría que pude en aquellos momentos.

No sabía tratar ni llevar situaciones de esa índole, por lo que me costaba mucho mantener mi aire imperturbable. Tenías ganas de perseguir a aquel cuervo y ensartarle la naginata para que cayese; y, luego, empalar al maldito desgraciado de pelo blanco. Pero no podía; mejor dicho: no sabía. Ni siquiera sabía cómo continuar con palabras, así que me quedé callada y observando a la gente -que seguía desconsolada por haber perdido sus casas.

"¿Alguien tiene idea de lo que debemos hacer?"- me hubiese gustado preguntarlo, de verdad.

Mas, mis labios sólo temblaron débilmente -apagándose mi voz en la garganta. Nunca había pertenecido a un pueblo, por lo que no sabía qué se sentía al perderlo. Si se podía comparar a perder una vida, empezaba a hacerme una idea de cuánto sufrimiento se reunía en aquel lugar.

El atardecer se tiñó de un tono rojizo, asimilando las propias llamas de la infelicidad.
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Natsukira Natsume/Gallia/Montañas Susa
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« Reply #1 on: January 26, 2010, 03:14:50 AM »

Cuando Natsukira habló, no llegó ninguna respuesta por parte de Beardie, y aún menos por parte de Dhyleck.   

Ambos estaban demasiado consternados, o quizá demasiado furiosos, para decir una palabra y la procesión que los seguía no estaba en unas mejores condiciones: Era un grupo variopinto, lleno de gente que había perdido sus hogares y posesiones preciadas a manos de aquel fuego provocado como una maniobra de distracción: Parecía que nada podría romper el sepulcral silencio y la desesperante penumbra que los rodeaba, pero aún pese a todo siguieron andando hasta que el ritmo acabó volviéndose más lento, tanto Beardie como Dhyleck parecieron notar algo.

¿Otra trampa? El avance se volvió lento, pesaroso, Dhyleck y Beardie encabezaban la marcha...  Y, entonces, de uno de los muchos árboles, una figura cayó, colgante. Todos habrían entrado en estado de alarma de no ser porque...


- ¡Jefe!

- ¿Qué ha pasado?

- ¡Estábamos preocupados!

- Vimos fuego.

- ¿Y toda esta gente? ¿No es de la aldea?

- ¿Por qué están todos tan tristes?



La avalancha de preguntas fue demasiado para Dhyleck, y, aunque Beardie estaba demasiado sorprendido para hacer nada, su jefe no. Los 3 hombres que habían aparecido colgados de unas lianas fueron agarrados y, tras ser literalmente arrancados de las mismas,  fueron lanzados contra el suelo. Dhyleck parecía más molesto que nunca.


- ¡Mostrrad un poco de rrespeto! ¡La aldea se ha...!


- ¿Quemado?



La falta de respuesta fue toda la respuesta que necesitaron.  La sorpresa se dibujó en el rostro de los 3 ingenieros rojos pero, tras un instante, empezaron a hablar entre ellos, cosas como "Os lo dije" "Era de esperarse" y "¿Eso es todo?" se dejaron escuchar.  Beardie estuvo a punto de adelantarse para darle a sus hombres el mismo correctivo, pero estos parecieron adelantarse a los pensamientos de todo el grupo.


- Bueeno...

- No es para tanto.

- Lo cierto es que sólo era una maraña de casas.

- ¡Sí! Y viejas, además.

- Muy cutres.

- ¡Y con telarañas!

- ¡Y feas!

- ¿Quién las necesita?

- Nosotros no.

- ¿Qué motivo hay para preocuparse?



La insensibilidad de los 3 ingenieros rojos empezaba a hacerse irritante. Muchos de los aldeanos empezaron a gritar improperios, y el propio Dhyleck fue a levantarlos de nuevo del suelo para darles una paliza, cuando volvieron a hablar.


- ¡Tranquilícese, jefe!

- No tiene que preocuparse.

- En esa aldea no se ha perdido nada.

- Deje que nos expliquemos.

- Por favor.

- Podemos hacerlo.

- ¡Más adelante! ¡Ahora hay que volver!

- Sí, los demás habrán vuelto ya.

- ¡Reparamos el puente!

- Y la catapulta.

- Esta vez fue más precisa.

- ¡Y potente!

- ¡Pero no nos adelantemos!

- ¡Síganos, jefe! ¡Y ellos también, tenemos algo que deberíais ver!




Y aquello fue la más grande de las sorpresas pero, por algún motivo, Dhyleck soltó a sus 3 "hombres de confianza".  Tan pronto como se vieron libres, estos respiraron con alivio, y se giraron para hacer señas al grupo de que los siguieran y, pronto, se perdieron en la espesura del bosque, con los demás siguiéndoles de cerca.  Caminaron, caminaron, y siguieron andando.  Pronto llegarían al lugar que habían dejado atrás, sin embargo, cuando lo hicieran, se darían cuenta de algo.

No se parecía en absoluto al lugar que habían dejado al aterrizar tras haber sido disparados por la catapulta.

Donde antes había habido un macizo arbóreo ahora había un bosque, sí, pero de casas hechas con madera, con una acogedora fogata en medio, hamacas y aparentemente todas las comodidades. Desde una improvisada herrería a lo que parecían tiendas, un conjunto de casas y edificaciones (completamente amuebladas, si uno se fijaba bien) se mostró ante todos.  La cara de Dhyleck fue de obvia sorpresa y la de Beardie fue más parecida a una de confusión, algo parecido a los rostros que mostraban todos los refugiados: Esa aldea, fuera lo que fuese, NO estaba allí cuando el asalto de Kramer se había producido.  Las miradas a los Ingenieros Rojos fueron de sorpresa por todos lados.


- Bueno... Nos estábamos aburriendo.

- El bosque es oscuro.

- ¡Y frío!

- Estaba a punto de caer la noche.

- Y la noche da miedo.

- ¡Mucho miedo!

- De modo que decidimos...

- Construir una aldea.

- ¡No fue difícil! Había mucha madera.

- ¡Y mucha piedra!

- ¡Sí, y hasta metal!

- Y... Nos aburríamos.

- ¡Nos aburríamos mucho!

- Pero eso no es todo.

- ¡No es todo!

- Vimos el fuego.

- ¡Era enorme!

- Nos temimos lo peor.

- Así que mandamos gente para ver qué pasaba.

- ¡Mucha, mucha gente!

- Y regresaron.

- Aunque un poco quemados.

- Sí, y llenos de hollín.

- ¡Pero traían un botín enorme!

- Está en el centro de la aldea.

- ¡Es todo un tesoro, jefe!

- Je... Por eso nos llaman la Banda Roja.

- Pero no sabemos de dónde lo han sacado.

- ¡No lo sabemos!

- No hay ninguna aldea cercana.

- ¡Ninguna!

- Sólo...



El silencio se hizo.


- ¡AQUELLA!


La mirada de decepción de los Ingenieros Rojos fue notable tan pronto se dieron cuenta a dónde pertenecía aquel botín, sin embargo, los demás casi no parecían creerlo.  Dhyleck, más sorprendido que nadie, los apartó directamente de un empujón y fue al centro, llevando a Zarina sobre sus hombros: Al llegar a una enorme bolsa situada en el centro de la aldea, custodiado por los muchos solados de Dhyleck, ambos parecían estar abalanzándose sobre un regalo de navidad. Y, cuando la bolsa fue rota, se descubrieron sus contenidos: Diversos útiles, fotos, marcos, herramientas, ropa y vestidos, incluso joyas, todo aquello que había estado unos instantes atrás en la aldea que se quemó, en perfecto estado, como si nunca hubiese habido incendio.

Al verlo, las lágrimas no tardaron en aparecer en los rostros de los nuevos refugiados. La Banda Roja, sorprendida, fue abrazada en pleno por mujeres, ancianos, hombres y niños que lo habían perdido todo y los Ingenieros Rojos, sin entender plenamente la consecuencia de lo que habían hecho, sólo pudieron mirar a Beardie, demasiado petrificado para moverse, y a los demás chicos, que parecían compartir la misma impresión.  Esta vez no hubo silencio, sino un jolgorio general, al final, parecía que SÍ habría canciones de victoria, y motivos de alegría y celebración...

Pero una pregunta casi rompió el ambiente.


- Pero, entonces...

- Eso significa...

- ¿Que tenemos que devolver el botín?



Los ingenieros rojos parecían no tener tanto entusiasmo como el resto. Pero Beardie sólo rió.

Y, en el centro de la aldea, Dhyleck alzó los brazos.  Siendo colmado por atenciones que, en principio, deberían ser inaceptables para él... Pero que, de momento, no parecían importarle. Quizá sería bueno que así fuera.
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Natsukira
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« Reply #2 on: January 26, 2010, 03:44:59 AM »

La noche se cernía, oscura, sobre la larga fila de almas en pena. Aquello no parecía una procesión de seres con vida; era demasiado triste. Me uní a la comitiva, como ya hubiera hecho desde el principio; aunque mi rostro no reflejaba la enésima parte de aquel pesar. ¿Cómo podría ayudar con simples palabras...? No había manera; me imbuí en mi mundo, abrazando la lanza.

De repente, un ruido en la arboleda cercana al camino -llevábamos paso lento-, me puso en guardia. No tardamos en averiguar quiénes eran; y me sorprendí. Me sorprendí al escudriñar a aquellos tres que habían hecho posible el paso sobre aquel acantilado. Qué lástima que no hubiese creado una máquina del tiempo. había oído historias sobre hazañas increíbles. ¿Sabrían lo que había pasado? ¿Cómo se sentirían? No tardaron en aclararnos su punto de vista, sincronizándose perfectamente al hablar.

"Son extraños, pero... divertidos."- cavilé, escuchándolos con las orejas bien abiertas.

Pese a que mostraron una actitud muy cruel -tenía que recordar eso para mí misma-, estaba de acuerdo con ellos. Lo malo es que, el resto, no; y así empezaron a insultar a aquellos tres: los ingenieros rojos. Su nombre me vino a la mente como una iluminación. ¿Y si...? Podrían ser bien capaces, aunque no tenía idea de qué se necesitaba para crear un pueblo. Ni siquiera un hogar, puesto que el mío ya estaba construido cuando lo hallé: sólo tuve que adecentarlo.

Fue entonces cuando los chicos dijeron algo que sorprendió a la muchedumbre. En mi caso, no lo escuché bien, pero los seguí en su paseo nocturno: ahora los pies y las piernas iban con mayor celeridad, respondían bien. Tal vez, por la incertidumbre de saber qué pasaba, mis labios dibujaron una mueca que bien podría calificarse de sonrisa. Bendita curiosidad, aderezada con un instinto único.

- No puede ser...- incluso yo me quedé sin palabras.

Un pueblo... un pueblo entero había aparecido de la nada. ¡Aquellos tres muchachos eran increíbles! Debían ser genios, como mínimo; a mí no se me daba crear, sino destruir. Por eso, estaba tan maravillada ante la visión de aquella villa. Era fantástica, y así lo reconocieron los que se habían quedado sin sus adorados hogares. ¿Cómo puede ser tan contradictoria una misma raza? Capaces de matar por unas monedas... y capaces de construir felicidad sin pedir a cambio.

- La Banda Roja, sin duda, es la mejor banda de este continente.- anuncié, cuando tuve la oportunidad, celebrando aquella inesperada sorpresa.

Me vi tentada a agradecer, personalmente, aquel regalo tan fantástico: por eso, me acerqué a los chicos y les di un beso en la mejilla a cada uno. Era la única forma que se me ocurrió de dar las gracias, pues no había nada mejor que las sonrisas de tantas personas.

La fiesta se prolongaría durante toda la noche, quién sabe si hasta el amanecer. tenía ganas de partir hacia mi hogar, mas, por otro lado, quería seguir disfrutando de aquella alegría. Lo que tenía claro es que, cuando llegase el momento de la despedida, ésta ya no sería amarga.
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Natsukira Natsume/Gallia/Montañas Susa
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« Reply #3 on: February 04, 2010, 11:06:55 PM »

[FDI: Perdona la espera]

La fiesta se prolongó durante un buen rato.

 La mayor parte de los allí presentes gozaban, se divertían y, para su inmenso disgusto, Dhyleck no hacía más que recibir alabanzas que su lugarteniente, Beardie, sin duda encajaba mejor: El enorme oso negro parecía intentar decir a todos que cobraría por esos alojamientos, y que su banda había hecho aquello sólo para extorsionarlos mientras que su compañero, sabiendo perfectamente que la cosa no colaba, se limitaba a encogerse de hombros y, en silencio, aceptar cuanto le decían saludando sólo de cuando en cuando mientras disfrutaba de piezas de comida lo bastante grandes como para llenar a 3 hombres adultos. 

Dhyleck no comía, estaba demasiado ocupado intentando hacer honor a su fama de "villano", pero Zarina y los demás no se lo permitían durante demasiado tiempo. ¿Y los 3 ingenieros rojos? En lo que llevaban de noche, cada uno de ellos había recibido cerca de media docena de ofertas de encamamiento y otras tantas de matrimonio... Las segundas, a juzgar por sus reacciones, les asustaban un poco (y no precisamente por falta de atractivo de las mozas) pero las otras sin duda les resultaron sumamente agradables, teniendo en cuenta que a medida que la noche avanzaba los tres tenían ambos brazos rodeando la cintura de una hermosa mujer cada uno.  Los 3 hablaban y hablaban de las dificultades que habían tenido para todo aquello, comentaban lo duro que había sido y, en general, se hacían los héroes lo mejor que podían... Algo que, O Dhyleck no veía, o prefería ignorar para centrarse en otros asuntos.

Mientras los festejos progresaban, sin embargo, la atención de Natsu se vio llamada por una figura rubia que observaba los mismos desde uno de los árboles, sentado y sonriente. Como si estuviese vigilando aquello muy de cerca...


[FDI:

http://img691.imageshack.us/img691/3427/kangtherippertrue.jpg  El hombre en cuestión]
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« Reply #4 on: February 06, 2010, 12:48:45 AM »

Preferí mantenerme al margen en cuanto tuve la ocasión, puesto que poco o nada hube hecho por aquella gente. De todas formas, no me alejé mucho de Beardie y, por ende, de Dhyleck: seguía haciéndose el duro, a pesar de que no engañaba ni a la niña -a ello menos, precisamente.

Fue la primera vez que sonreí con ganas. Nunca había sentido semejante emoción; quizá, en un tiempo que no era tan lejano, algo similar embargó mi ser. Sí, fue el día de mi despedida; aunque no era un "adiós" para siempre. Los Yamabushi se reunieron en la entrada de aquel santuario, rodeándome...

"Había llegado el tiempo de recorrer la senda en soledad. El tiempo de la verdad, de la reflexión y de la evolución. Hacía pocas semanas que superé la prueba definitiva, impuesta por los ancianos más sabios y más intuitivos de aquel grupo: la gente que me había visto crecer, formarme, fortalecerme y convertirme en una adolescente con ideas propias. Y con gran temperamento.

Decían que me parecía a ella: a mi madre. Yo apenas la recordaba; solamente un rostro diluido por el tiempo.

No me caracterizaba por mostrar emciones; es más, siempre me preguntaba a mí misma qué eran, y si alguna vez llegaría a sentirlas. Y si esa vez era ésta, seguramente la sensación de mi pecho podía considerarse 'emoción'. ¿Qué más podía ser sino eso? Mis ojos intentaron derramar gotas de agua, algo que llamaban 'lágrimas'. No obstante, estaba tan cerrados a esas percepciones que, ni siquiera, ofrecieron un cambio palpable en su normal comportamiento.

Sí, el sentimiento -o la 'emoción'- vibraba en mi interior. Y allí se quedó.

Poco después, algunos de ellos, chocaron su naginata contra la mía -recientemente conseguida, una reliquia regalada por los Yamabushi. Mi deseo era convertirme en la mejor en aquella senda, y mostrárselo en el futuro. Un futuro que, tenía la intención, fuera cercano.

No volví la vista atrás, como había cavilado. Y dejé la montaña a mi espalda, mirando siempre al frente; a una libertad desconocida, pero atrayente. Fue la segunda vez, en un día, que sentí un fuego ardiendo dentro de mí."


Dos años hubieron pasado de aquello. Dos años en los que anduve al límite, buscando la oportunidad para hacerme un nombre; y lo había logrado, llegando a tener mi propio hogar. La soledad era una compañera inestimable, pero cuando veía a las personas disfrutando de la compañía de otras... el corazón me palpitaba fuertemente, y un algo se revolvía en mi fuero.

- Emociones, ¿eh?- murmuré, alejándome un tanto del bullicio.

Fue entonces cuando, mi mirada, se fijó en uno de los árboles cercanos: más en concreto en un chico rubio. Sonreí para mí misma y me acerqué. Seguramente, mi presencia no le inquietaba lo más mínimo; caminé con cautela, dentro de una cierta confianza.

- ¿No prefieres unirte a la fiesta?- lancé, intentando que me prestase atención.

No sabía por qué motivo lo había hecho. Quizá fuese por pura empatía, ya que verlo allí -en soledad- me recordaba a mí misma. ¿Acaso se podía comparar por sentir algo por alguien? Tal vez, la algarabía del festejo se me había metido demasiado en la cabeza.

- Aquí tampoco se está tan mal.- suspiré, pegándome al tronco de aquel árbol.- Es... interesante observar a tanta gente. Es curioso cómo se puede pasar de un estado de ánimo a otro en tan poco tiempo.- expliqué mi punto de vista, pese a que fuese un monólogo.

Se me pasó por la mente estar hablando para mí misma, y tampoco es que me importase mucho: sabía disfrutar del silencio tanto como de la soledad. No obstante, sentí cierta curiosidad por aquel muchacho. Ahí está otra vez... un nuevo sentimiento; una nueva emoción.
« Last Edit: February 06, 2010, 12:50:38 AM by Natsukira » Logged

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« Reply #5 on: February 09, 2010, 02:14:35 AM »

Allí estábamos, frente al tipo de pelo blanco, éramos muchos, por muy poderoso que resultase ser no podría con todos. De pronto, el cansancio de las situaciones vividas se hizo presente. No estaba acostumbrado a tantas experiencias nuevas en un solo día, notaba los latidos de mi corazón en las sienes, en un eterno zumbido , una pulsación insoportable que amenazaba con hacer estallar mi cabeza. Cerré los ojos un momento,  no podía más, estaba seguro que no importaría demasiado, las palabras del peliblanco comenzaron a clavarse en mi cabeza cual estacas, era irritante, muy irritante. Confiaba en Kobu por si pasaba algo, necesitaba permanecer con los ojos cerrados un poco más, notaba la sensación de ingravidez típica del mareo, no me atreví a abrir los ojos, temía caer al suelo.

En ese momento un crujido seguido de un aroma que reconocí al instante me obligo a reaccionar. Abrí los ojos con la visión algo nublada y el equilibrio algo trastocado. Me apoyé en Kobu, posando una mano en su espalda para no caer al suelo, y en ese momento, vi su rostro. Solo había visto esa expresión tres veces en él, era miedo. Y solo había dos cosas que provocasen ese grado de terror en mi felino amigo, una de ellas eran los robles de sangre, los cuales se alimentaban de pájaros y grandes mamíferos como él; la otra era el fuego, ese baile de llamas y destellos infernales que consumía todo a su pasó arrastrando toda vida a simples cenizas. El pelo de su lomo estaba erizado, estaba claro que aquello le traía malos recuerdos.

No pude más, el agobiante calor, el humo asfixiante, la cabeza a punto de explotar  y para colmo un torrente de imágenes de aquel eterno día, sensaciones, emociones, ira, rabia, frustración, la imagen del árbol y los cadáveres, cadáveres por todas partes. Muerte, sangre, fuego. No pude más, mi visión terminó de nublarse, todo se vino abajo en un remolino de figuras e imágenes distorsionadas seguidas de... silencio.


...


En la oscuridad de mi inconsciencia, noté algo que me fue devolviendo a la realidad. Era una sensación extraña pero familiar, algo húmedo y pestilente se arrastraba contra mi cara, era la lengua de Kobu. Abrí los ojos, ahora mucho más despejado, aparté a Kobu de un empujón y me incorporé ágilmente, ya estaba mucho más despejado.

La situación había cambiado de forma radical, ahora la gente se encontraba festejando en una aldea surgida de la nada. Por los árboles que habitaban la zona, podía decir que incluso era el mismo lugar en el que habíamos caído tras el aéreo viaje  del extraño artefacto de la Banda Roja.

No sabía cuanto tiempo había estado allí tirado, me giré hacía Kobu y le dediqué una mirada interrogativa. Tras una larga retahíla de maullidos, ronroneos y algún que otro gruñido, supe lo que había ocurrido. Al caer, todos estaban muy nerviosos y alterados por el fuego, pero entonces apareció “la gente roja” según Kobu y los llevaron hasta una nueva aldea que habían construido. Él me había arrastrado hasta allí y el resto podía verlo con mis ojos. No me enteré demasiado bien, pero la gente parecía feliz y eso era lo importante. Miré a mi alrededor en busca de Natsukira, pero no la vi entre la multitud.

Caminé en dirección a los árboles más cercanos y cuando alcancé al primero comencé a trepar por su dura y rugosa corteza, tal vez con algo más de altura fuese capaz de encontrarla. Kobu no tardó en imitarme, cogió carrerilla y valiéndose de sus afiladas garras, se engancho en la corteza trepando sin mucha dificultad, adelantándose y posándose sobre una gruesa rama, a una altura considerable. Decidí no posarme en la misma rama, por muy gruesa que fuese, no estaba seguro de que aguantase el peso de ambos, así que trepé un poco más, hasta alcanzar a una rama algo menos gruesa pero también situada más arriba. Me sente allí con las piernas cruzadas, como solía hacer hasta hace bien poco en mis tranquilos días por el bosque, mirandolo todo desde un puntod e vista diferente, desde las alturas era más facil observar con objetividad, a la gente divirtiendose, las casas de madera... intente no pensar en aquella madera, o mejor dicho, en la de árboles que habrían tenido que asesinar, ya había tenido bastante con lo de la otra aldea. Seguí oteando el terreno, con un objetivo en mente, Natsukira.

[[sorry por la ausencia u.uU]]
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« Reply #6 on: February 12, 2010, 03:48:54 PM »

La voz de Natsu sólo provocó que el joven rubio, aparentemente descubierto, mirase hacia abajo, descolgándose del árbol mientras seguía con las piernas aferradas a la rama sobre la que estaba sentado hacía un instante. Al ver quién era su interlocutora, simplemente sonrió con más intensidad, y negó con la cabeza, volviendo a dar una voltereta para situarse sobre la rama otra vez.


- Na... Prefiero dejar que se diviertan. Soy poco amigo de estar rodeado, me recuerda demasiado a sensaciones no muy agradables.


Cuando dijo aquellas palabras, el joven se mantuvo escuchando a Natsu con tranquilidad, y sonrió, de repente habiéndosele ocurrido una buenísima idea.  Saltando de la rama del árbol con una agilidad felina, se situó ante la chica y apoyó una de las manos en el tronco tras ella, manteniendo la otra sobre su cintura en una pose "casual".  La sonrisa del rubio era evidentemente divertida.


- Tienes mucha razón, aunque tengo curiosidad... ¿Qué hace una preciosa chica como tú, en un sitio como este, hum? ¿Por qué no estás allí, siendo el centro de la fiesta?


Le guiñó un ojo de forma juguetona. En ese momento, Natsukira habría podido observar que el joven no era demasiado alto, 174 cm siendo generosa, pero tenía una bonita figura y un buen rostro, además, sus brazos y el resto de su cuerpo parecían fibrosos, lo bastante para darle una buena presencia física pese a lo esbelto que resultaba. Y su sonrisa era bastante agradable.


[FDI: Si no digo nada, es porque Nakai lo ve]
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« Reply #7 on: February 13, 2010, 09:57:56 PM »

La respuesta del chico no me sorprendió: es más, me sentía identificada de alguna forma. A mí no me importaba estar rodeada de gente -y para muestra lo que había ocurrido hacía poco. Sin embargo, tampoco me gustaba estar en medio de semejante bullicio, debía ser una consecuencia de haberme criado en las montañas -y de vivir, tranquilamente, en una casa lejos de la ciudad.

Sentí curiosidad por saber cuáles eran aquellas "sensaciones no muy agradables". No obstante, me mantuve en mi fiel reflejo de chica serio y muy poco entrometida.

"Si no quieres que te lo hagan o pregunten a ti, haz lo mismo con los demás."- cavilé, mientras el muchacho se posaba, perfectamente, en el suelo.

Su actitud divertida no se correspondía a lo que había pensado de él. De todos modos, era evidente que poseía una belleza atrayente, una buena dosis de carisma y la labia suficiente para robarle el corazón a cualquier doncella. Lástima que no estuviese hablando con una, por otro lado; si pensaba conseguir algo más de mí, estaba en el extremo erróneo. Sin duda, estaría habituado a la algarabía de cualquier festín, donde las mujeres pierden la cordura tanto como los hombres y, ello, finaliza en encuentros físicos de los que no tenía constancia.

Y, ciertamente, ni quería.

- Porque me gusta la tranquilidad. Aparentemente, hay quien dice que la soledad es negativa; no lo creo, puesto que a mí me ayuda a reflexionar.- comenté en primera instancia.- Además, no soy yo a la que tienen que agradecer. La Banda Roja merece toda la atención de los aldeanos.- continué, haciendo honor a la verdad.

Pese a lo agradable que resultaba su presencia -y esencia-, mi seriedad atisbaba el momento adecuado para cortar tal grado de confianza. Fijándome bien, estábamos parejos en altura -y puede que en más detalles físicos. No sabía si aquello era importante, pero como no sabía qué añadir, prefería que mis ojos hablasen lo que mis labios no supieron decir.
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« Reply #8 on: February 24, 2010, 05:21:51 AM »

Al escuchar las palabras de Natsukira, el muchacho se limitó a sonreir de forma ladeada antes de dirigir la mirada más allá del tronco, hacia los festejos: Pareció quedarse mirando en esa dirección unos segundos hasta que suspiró.


- ¿La Banda Roja, eh? La verdad es que llevo observándolos un tiempo. Son un grupo... pintoresco, por decirlo de alguna forma. La primera vez que lo vi, me parecieron una panda de ladronzuelos de medio pelo, pero visto lo visto, quizá me equivocase en algunas cosas. En cualquier caso...


Dicho eso, se separó ligeramente y miró hacia ambos lados. Su mirada pareció dirigirse hacia Nakai durante unos instantes, pareció un segundo... Aún cuando era imposible que lo hubiese visto, el rubio miró en la dirección del chico unos instantes y luego sonrió, antes de inclinarse de nuevo para hablarle a Natsukira al oído.


- ... ¿Sabes? Creo que nos observan. Aunque no es un gran problema, pero... ¿Te apetecería hacer... una locura? Puedo contarte ciertas cosas de la Banda Roja, si accedes a seguirme el juego por un ratito. Será divertido.


Y, esperando una respuesta, el chico sonrió nuevamente, guiñando un ojo.
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« Reply #9 on: February 24, 2010, 05:05:32 PM »

Cuando escuché su parecer sobre la Banda Roja, no tuve más remedio que dibujar una media sonrisa en mis labios: lo mismo pensé en su momento de aquella panda. Y, al final, tuve que tragarme un poco de mi orgullo; tampoco me importaba, después de lo que hubieron logrado. Ciertamente, el personaje desconocido empezaba a caerme simpático.

"Ni siquiera sé su nombre..."- pensé, un tanto avergonzada.

Tampoco recordaba haberme presentado de manera formal. ¿Tan distraída he estado? ¿Tanta impresión surgía de la presencia de este rubio joven? Parecía un truco de magia barato, tal vez hasta engañoso. ¿habría caído, sin darme cuenta, en alguna especie de embrujo? Su sonrisa parecía advertirme eso... ¿q-qué me estaba pasando...?

- A mí tampoco me importa que nos estén mirando.- añadí agradablemente, intentando seguir su juego.

No quería caer en una trampa, pese a que su amabilidad en el trato era evidente. En caso como éste es cuando una debe estar más atenta -y ser más precavida. No es que hubiese desconfianza; más bien era que, todavía, no había una confianza exacta en el chico.

- No tengo otra que hacer. Será interesante oírte. Eso sí, accederé siempre que esa locura no ponga en peligro la vida de alguien.- dije, mientras descruzada los brazos y me separaba del árbol.

Había sido perspicaz; quizá, hasta lo hubiese cogido por sorpresa con aquella condición. ¿Pensaba que yo era tan manejable? No, su guiño travieso era una evidencia de su naturaleza juguetona. Parecía un niño, y puede que fuese eso mismo. De mi infancia recordaba los duros entrenamientos en las montañas: jamás había jugado con otros niños o niñas. Por eso, empecé a sentir una extraña burbuja en mi estómago.

"¿Otro sentimiento?"- cavilé, confusa.

Al parecer, el mundo estaba lleno de sensaciones.
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« Reply #10 on: March 14, 2010, 02:39:09 AM »

Escuchar la respuesta de Natsukira hizo que el chico rubio sonriese con mayor amplitud antes de mirar no sin cierta malicia en dirección hacia donde Nakai se encontraba para, acto seguido, volver a hablarle al oído a Natsu.


- ¿Sabes? La percepción del mundo muchas veces depende de la perspectiva. La caída de una hoja puede parecer un proceso rápido, o eterno, el agua puede parecer caer hacia arriba o hacia abajo en una cascada... Avanzar o retroceder, izquierda o derecha, arriba y abajo... Todo es relativo. 


La sonrisa se amplificó un poco y, entonces, acarició ligeramente su rostro con una de las manos al tiempo que se acercaba suavemente, con una lentitud dulce y tranquila. Natsukira podría haber pensado en un instante que pretendía besarla, sin duda, las manos del rubio, una en su cintura, la otra en su rostro, parecía indicar esto y, cuando sus ojos se cerraron... Sin embargo, lo único que contactó con sus labios fue el aire de la respiración del chico, hablando a apenas un milímetro de los mismos, en un susurro calmo. Para un observador externo, parecería un beso.


- Y una simple conversación... Puede parecer el más dulce de los besos. Y no me importaría prolongar ninguna de las dos. ¿Qué menos que dar al público una agradable vista?


Y así continuó. La cercanía aumentó, pero nunca se produjo contacto. Pero la ilusión sería perfecta... Y más aún desde la distancia a la que Nakai se encontraba.


- A propósito... Me llamo Kang. ¿Cuál es tu nombre?
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Natsukira
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« Reply #11 on: March 16, 2010, 01:39:14 AM »

Su parlamento sobre la percepción de la realidad no me interesaba mucho. No obstante, fue tolerante y dejé que intentara llegar a alguna conclusión. ¿Por qué estaría hablando sobre eso? Tal vez, se refería a quienes nos estuviesen observando –que podrían ser los mismos animales del bosque. Seres nocturnos que, por una razón u otra, tienen una visión diferente del mundo.

“Arriba es abajo, abajo es arriba… Parece un acertijo, pero coincide con la posición de cualquier animal que sepa colgarse, boca abajo, en la rama de un árbol.”- cavilé, interesándome por descubrir alguna pista.

Sin embargo, su acercamiento fue lo único que pude percibir. Ese instante se me hizo eterno, sintiendo su suave mano sobre mi rostro. Sentí un rubor múltiple en mis mejillas: era la primera vez que, un chico, me acariciaba. Ni siquiera sabía -bien, exactamente- lo que significa “acariciar”, puesto que jamás llegué a sentirlo de mi madre. Pero aquel desconocido buscaba algo más; o eso me pareció en un primer momento.

- Mi derecha es tu izquierda, y mi izquierda es tu derecha. Comprendo el concepto.- susurré, dada la cercanía. Seguí su juego un poco más, para saber a dónde llegaría.

Mantuve la calma, pese a que me sentía realmente atraída. Sus labios… estaban tan cerca que… Intenté despejar mi mente pensando en cualquier cosa, aunque mi mirada siguiese sobre sus ojos. ¿Qué pretendía? Si buscaba a una cortesana en mí, iba muy mal encaminado. No soy una fresca muchachuela; ni dejaría que se aprovechase de mi desconcierto.

- Na… Soy Natsukira.- por un instante dudé, pero me daba la impresión de que ya sabía mi nombre. Sonreí.- Si éste es tu juego, ten cuidado con fiarte solamente de tu percepción. Mi lanza podría atravesarte de lado a lado: para ti sería algo doloroso; para mí, un simple golpe más.- expliqué, utilizando si misma monserga.
 
Estaba un tanto asfixiada por su proximidad, peor aguanté las ganas de emplear la fuerza para salir de aquel aprisionamiento. Hasta ahora, nunca me había interesado por los hombres; y no iba a empezar ahora. Para mí, salvo que demostrasen lo contrario, eran un enemigo más. ¿Por qué tendría que mostrarme halagada o emocionada por este individuo? Bien es verdad que había despertado algunas sensaciones en mí, pero eso no quiere más de lo que es.

- Y bien, ¿vas a contarme algo sobre la Banda Roja? O, tal vez, quieras probar el agrio sabor de mis labios, primero.- propuse, intrépida. Fui yo la que terminó acercándose a su rostro, pero no a la altura de sus labios.

Desde cualquier posición vigilante podría parecer un beso. Mas, no le iba a dar ese placer a Kang. Aunque ya no fuese un desconocido.
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Natsukira Natsume/Gallia/Montañas Susa
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« Reply #12 on: March 27, 2010, 07:13:16 PM »

Kang escuchó las palabras de Natsukira con una sonrisa de divertimento que podría llegar a resultar casi molesta, pero que se intensificó sobre todo cuando la chica hizo la mención a su lanza: En aquel momento, resutlaría casi imposible, si es que se pudiese, de hecho, asegurar cuál era el motivo de su sonrisa... Quizá había pensado en un posible doble sentido ante lo dicho, quizá simplemente le divertía el pensamiento del rango efectivo de una lanza a una distancia tan corta, pero en cualquier caso se mantuvo completamente tranquilo y esperó a que terminase de hablar.


- Una chica bastante profesional... La verdad, el sabor de tus labios se me antoja bastante deseable. Pero no sería justo aprovecharme que "te tengo a mi merced" para besarlos sin darte algo a cambio, ¿verdad?


Se acercó un poco más y, entonces, se separó, apoyándose en el tronco con un brazo mientras liberaba a Natsukira de aquella cercanía, mirando hacia el lugar de los festejos con una sonrisa calmada. Pareció mirar hacia allí unos instantes, y luego volvió a hablar nuevamente.


- La verdad es que mi misión respecto a ellos era un tanto... Oscura. Baste decirte que, si hubiese continuado con ella, ese enorme oso habría estado muerto hace bastante.  Pero de algún modo no me pareció del todo bien... Parecen unos buenos para nada, pero resulta que son gente bastante divertida. Tengo cierto interés por saber lo que pueden llegar a hacer, si les dejo a su aire.  Ya decidiré luego si debo cumplir o no mi misión original, de momento, me dedico a observar. Y, como puedes ver, mi recompensa es haber conocido a una chica tan hermosa como tú... Creo que tomé la mejor decisión.
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« Reply #13 on: March 28, 2010, 01:46:01 AM »

Respiré relajadamente en cuanto se separó de mí. Suspiré con disimulo, aliviada de mirar al frente y no ver su atractivo rostro -pese a las sombras de la noche. Escuché lo que dijo sin inmutarme, meditando lo que había sucedido y lo que yo misma había dicho -y hecho. ¿Por qué hube actuado de esa forma? Tal vez, haber estado en compañía de tanta gente estos días, comenzaba a hacer efecto en mi interior.

Como si algo estuviese cambiando. ¿Es esto a lo que llaman "relación"? Con los Yamabushi tenía un vínculo vital incontestable y obligado; pero no se parecía a lo que estaba sintiendo.

"Dudo que puedas ofrecerme algo que esté al mismo nivel de besarme."- pensé con altivez.

No estaba dispuesta a dejarme mancillar por un cualquiera; no sin ser elección mía y sólo mía. Además, la única posibilidad de que ocurriera algo así, sería porque mereciera la pena para conseguir algo interesante a cambio. Dígase información, una posición influyente o... quién sabe, una fortuna. Cualquier cosa que pudiese utilizar, luego, para ayudar a la gente más desfavorecida.

- Es decir, que alguien te contrató para acabar con el jefe de la Banda Roja.- apunté, después de acabar su parlamento.- ¿Eras tan fuerte como para vencer a todos esos tipos? Bueno, quizá tenías pensado utilizar alguna treta y escapar, más tarde, sin mostrarte para luchar contra todos ellos. Así es cómo lucha un ser de las sombras como tú, ¿no?- dejé caer, con mucho sarcasmo.

Quería comprobar un par de cuestiones: la más importante era saber si, esa tranquilidad taimada, era una máscara. Estaba muy relajado para ser un mercenario; aunque, pensándolo bien, yo también lo era. Nos parecíamos en ese aspecto, y el palpito de mi corazón -tan repentino como molesto- acabó por recordármelo.

"¿Qué me diferencia de él? Yo también creía que eran malas personas."

Cada vez estaba más desconcertada. ¿Me habría estado observando a mí también, mucho antes que en esta noche?

- Si de verdad te parezco tan hermosa... ¿bailarías conmigo?- solté de repente, teniendo la vista perdida en el festival cercano.- Nunca he tratado con otras personas. Nunca me he... relacionado, como dicen los humanos. No me malinterpretes ni te hagas ilusiones, pues no tengo interés superficial en ti. Sólo es... que te pareces a mí; y eso me da seguridad.- confesé, apoyándome en la naginata.

No sabía la razón de mis palabras. Tal vez era simple curiosidad, aderezada con el ambiente distendido. Sin embargo, no iba a bajar la guardia, pese a lo dicho.
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« Reply #14 on: April 05, 2010, 04:59:31 PM »

La única respuesta por parte de Kang a la deducción de Natsukira fue una sonrisa increiblemente amplia, aunque cuando ella preguntó si habría podido con todos ellos o simplemente se habría escondido en las sombras, su sonrisa pasó a ser sorprendentemente misteriosa, calculadora y casi fría, aunque se limitó a mirar hacia otro lado, con los ojos entrecerrados como si de repente se hubiese convertido en una especie de galán y las manos tras el cuello.


- Es-un-se-cre-to


Y esperó. Las siguientes palabras de la chica parecieron sorprenderle, pero también le agradaron... Bastante, a juzgar por la expresión de su rostro. Se limitó a escucharla y la miró con una sonrisa divertida, casi gatuna, al tiempo que sus ojos se mantenían entrecerrados, quedando claro que estaba disfrutando muchísimo con aquellas conversación.



- Por supuesto, señorita. Y no temas, por supuesto que no me estás pidiendo que bailemos porque despierte en ti el menor tipo de interés y necesites sentirme más cerca, nadie podría pensar eso... Esto sólo es un experimento.


Si hubo algún tipo de sarcasmo en su voz fue tan sutil que quedó totalmente enmascarado y, tan pronto como terminó de hablar, Kang sonrió nuevamente y, tomando la mano de la chica, tiró levemente de ella hasta llegar al claro. Era increiblemente fuerte, mucho más de lo que cabría esperar, pero en cuanto Natsukira cayó en sus brazos y la apoyó en su pecho, el agarre fue tan suave que casi parecía no estar allí.  Una de sus manos reposaba en la cintura de la chica mientras que la otra tomaba una de las de la joven, sostenida en alto, cerca del rostro.


- Podríamos empezar... ¿Pero y si la señorita da el primer paso? Es de caballeros, después de todo.
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